domingo, septiembre 09, 2012

Cambio de opinión: huelga general, mejor no

Memecreator

Siempre he estado a favor de las reivindicaciones de la antes conocida como clase obrera y es complicado criticar una las armas clásicas del sector, como es la huelga general, especialmente cuando se habla otra vez de convocarla. Pero es lo que hay y estoy un poco cansado de hacer el primo. De hacerlo yo y de que lo hagan los demás, mientras el señor Rajoy se apoltrona en su sillón, se enciende un puro habano y se descojona vivo. 

Por aclarar un poco el asunto, no quiero decir que esté en contra de la huelga general, es que en la situación actual me parece que su convocatoria es una soberana gilipollez. 

Un ejemplo: si los conductores de autobuses de una empresa pública hacen huelga, el perjudicado no es el empresario correspondiente, que no existe. El dinero del día de trabajo vuelve a las arcas públicas y los gestores de las mismas están encantados por aquello de reducir el gasto público. Alguien me dirá que, en este ejemplo, la huelga es una medida de presión para forzar la negociación con esos gestores, los cuales se verían obligados a ceder debido a que los que les votan les exigen que arreglen el problema. Esto es cierto y probablemente válido en otro momento y en otro sector, pero ¿qué ocurre si esos gestores precisamente lo que quieren es acabar con ese sistema de autobuses públicos a base de deterioro del servicio? ¿Qué ocurre si esos gestores consideran que no representan a esos afectados, sino a otros que nunca en la vida se montarían en un autobús con "pobres e inmigrantes"? 

En otros sectores, como en la Educación, es aún peor. El trabajo que no se hace un día, se tiene que hacer el día siguiente. Nadie sale perjudicado excepto el idiota del profesor que ha perdido un día de salario y, si acaso, algún estudiante que tendrá que tragarse el contenido de dos clases en una. Poco más.

Podría ampliarse la inutilidad de la huelga a otros sectores en el ámbito privado, no a todos, por supuesto. La generalizada subcontratación de servicios hace que la relación "trabajo del empleado - ganancia empresarial" esté más difuminada que nunca, de forma que no se sabe contra quién se está realizando la huelga. Además, en muchos puestos de trabajo se ha logrado convencer al empleado de que es parte de la empresa, aunque sea mentira. Esta persona no se considera obrera y, por tanto, no participará de una actividad anclada en la tradición reivindicativa de un sector con el que no se identifica. Mejor no hablemos de los pobres autónomos, que son legión y que en su mayoría comparten problemática con los obreros, aunque no lo sean. 

El mundo laboral ya no consiste, al menos no en su mayor parte, en una fábrica propiedad de un rico empresario donde unos cuantos obreros trabajan a destajo. Ahí la huelga tenía sentido. En esa situación sabíamos quién era obrero y quién no. Estaba claro a quién se hacía daño con una huelga. Ahora no. Yo mismo he apoyado las convocatorias de huelga general solamente en base al argumento de la solidaridad con las protestas de los que considero mis semejantes. Pero todo tiene un límite, especialmente cuando ves que en tu puesto de trabajo sólo un 1% de los obreros opinan como tú. Ya está bien de hacer el imbécil.

Esto no quiere decir, ni mucho menos, que no haya que protestar. Todo lo contrario, pero hay que hacerlo de otra forma, probablemente más radical. La insurrección, las manifestaciones masivas o el activismo son una manera. Deberíamos actualizar el lenguaje y los métodos, porque pensando que vivimos en un siglo que no es el nuestro no se va a ninguna parte.

La pregunta que yo me hago ahora mismo es si participaría de nuevo en una huelga general con la que no estoy de acuerdo por los motivos anteriormente expuestos. Me sorprendo pensando en que sí, probablemente la haría, porque probablemente me sentiría mal si no la hiciese... Y es que algunos hemos nacido imbéciles.

Actualización: Efectivamente, hay huelga el 14 de noviembre de 2012 y efectivamente, soy imbécil.