lunes, junio 18, 2012

Desesperanza

Imagen vista aquí

Me pregunto el porqué es la desesperanza. Me pregunto por la incapacidad de reacción ante un suceso inesperado. Es como esos casos de personas que sufren un accidente de tráfico porque su cerebro era incapaz de asimilar que un vehículo se encaraba en sentido contrario. Como esa liebre que no ve al cazador que la persigue y se siente aterrorizada de un modo especial. Se siente un miedo incapaz, que consiste en no saber qué hacer. En el mejor de los casos, el terror lleva a negar la realidad. Lo que me asusta no existe, tal vez así desaparezca. 

Es vergonzoso que la gente no sea capaz de movilizarse masivamente para expulsar para siempre a los ladrones. Vergonzoso que nos quedemos en casa, no sé esperando a qué, tal vez a que el problema se arregle solo. Es mentira que la abstención sea activa, para la mayoría es simple desesperanza. Pero es normal porque los griegos, al igual que los españoles, hemos debido vivir o incluso imaginar por encima de nuestras posibilidades. Era mentira que tuviésemos derecho a una vida digna. Era mentira que pudiésemos aspirar a tener un trabajo sencillo, que incluso pudiésemos disfrutar. Qué desfachatez. Era mentira que el trabajo bien hecho nos llevaría lejos, hasta donde quisiéramos. Era una gran mentira que tuviésemos derechos porque sí, por el mero hecho de ser personas. 

Todo era mentira. Nos mintieron a todos. Ha sido todo tan inesperado que nos hemos quedado petrificados. Como en el caso del coche en sentido contrario y como la liebre que no ve al cazador. Sufrimos el terror paralizante de haber sido educados para crecer y vivir en un mundo que luego se descubre inexistente. Tanto que ni siquiera somos capaces de introducir una papeleta en una urna. Ni siquiera somos capaces. Es que ni siquiera somos.