miércoles, marzo 21, 2012

Los ombligos

Decía alguien en "The Wire" que muchos de los problemas de nuestra (su) sociedad podrían mejorarse notablemente si la gente hiciese su trabajo, y nada más. Todo iría mejor si las personas no pretendiesen ganar más dinero a toda costa, o si no quisieran ascender pasando por encima de otros para conseguirlo o si no se dedicaran a intentar que sean otros lo que hagan su trabajo. La idea es, sencillamente, hacer tu labor lo mejor posible. Sin más.

Cuando en España se habla de la crisis económica y de que los trabajadores tienen salarios muy altos, de que el despido es muy caro, de que hay mucho gasto público y pocos ingresos... pues bien, pongamos que llevan razón. Pongamos que el sistema no es sostenible, que somos un país pobre y que hay que redistribuir el gasto y los ingresos para ser competitivos. Vale. Lo aceptamos. Pero ¿es este todo el problema? ¿Si despedimos con más facilidad y cobramos menos vamos a arreglar todos los problemas económicos? ¿La gente va a tener más trabajo? ¿Las empresas van a conseguir salir adelante? Parece que todo el problema sea de los empleados que trabajamos poco y mal. 

Porque no todo es culpa del asalariado. Buena parte de los empresarios solo piensan en ganar dinero de la forma más sencilla posible, en lugar de montar una "empresa" para desarrollar un producto y realizar un bien para la sociedad. Los sindicatos, que adolecen de ser una organización surgida en pleno franquismo, suelen guiarse, no por criterios de servir y proteger al empleado, sino por sus propios intereses. Lo mismo pasa con los políticos, que son una clase social en sí misma, en lugar de simples representantes de los ciudadanos. Los banqueros, que podrían realizar una gran labor invirtiendo el dinero de los ciudadanos, se dedican a especular sin ningún escrúpulo ni medida, aunque eso suponga destrozar todo el sistema financiero.

De lo que nadie habla es que el problema de base es estructural, pero de verdad. Tanto que es de corte social. El problema económico está sustentado en la falta de eficiencia y en la convicción que tiene buena parte de nuestra sociedad de que se puede ganar mucho dinero en función de que trabajen otros (es decir, en base a no trabajar), algo que se consigue a base de contactos y favores mutuos con los que se vienen a denominar "los míos". Esta forma de ser es propia de políticos y banqueros, pero también del españolito común. Hay mucha gente que no se da cuenta, pero tiene esa actitud en su día a día. Por ejemplo, aquellos que intentan ser jefecillos a toda costa para que sean otros los que curren (algunos esto hasta lo reconocen abiertamente sin un atisbo de vergüenza), aquellos que no pegan ni palo y dejan que sean sus compañeros los que saquen adelante un trabajo que se debería hacer entre todos (esto pasa mucho en el sector público), aquellos que buscan beneficios rápidos especulando con bienes de primera necesidad como pueda ser el de la vivienda (casos más sangrantes ha habido en el pasado) o aquellos que no hacen facturas, no firman contratos o no cotizan nunca a la Seguridad Social. Etcétera.

Además, hay que añadir la inusitada importancia que se le da al "quién te conoce" en lugar de al "qué es lo que sabes hacer". Si alguien consigue un trabajo, es porque es amigo de este o del otro, o porque aquel debe un favor a este de aquí, o por alguna similar relación de supuestos intereses. Si se acepta la opinión de alguien, es porque es quien es y no porque se esté de acuerdo con lo que dice. El espíritu crítico no existe, la ética propia y profesional tampoco. La sociedad española es tremendamente clasista, se encuentra totalmente polarizada en pequeños subgrupos endogámicos ("los míos") que buscan su propio beneficio a costa del trabajo que realizan los débiles, que son aquellos que no tienen ninguna influencia sobre nadie.

No se puede pretender formar una sociedad próspera si se les enseña a los niños desde pequeños que tienen que esforzarse para aprender y ser mejores personas para que luego se den cuenta de que el sistema está basado en algo tan subjetivo como a quién conoces y, sobre todo, en quién te conoce a ti. Esto es desmoralizante e injusto ya que destroza cualquier tipo de creencia en conceptos tales como el esfuerzo o el trabajo bien hecho (en la medida de lo posible) como base del comportamiento individual. 

Mis simpatías hacia el 15M son totales, es de lo mejor que le ha pasado a este país en mucho tiempo, pero el movimiento centra sus ataques en los de fuera y le falta crítica a la sociedad en sí misma. Todos participamos del sistema y esto es algo que hay que tener en cuenta y que debemos erradicar, porque el resultado de nuestras actitudes se traslada de abajo hacia arriba. Nos quejamos de los medios, de los políticos, de los sindicatos, de la corrupción, de los sinvergüenzas. Pero nadie se mira el ombligo y nadie parece darse cuenta de la sociedad la estamos destrozando desde abajo y de que ellos no son más que un producto de nuestro comportamiento individual.

Si esto no se para desde abajo, nadie lo va a parar.