miércoles, diciembre 22, 2010

Industria cultural e Imperio

Dos ejemplos sencillos y rápidos:


En España hubo, parece mentira, una gran actividad en torno al cómic en los años 50 y 60 del siglo pasado. Incluso se produjo un boom a finales de los años 70. A poco que se hubiese cuidado aquello podría haberse convertido en un sector de exportación importante. Véase ahora el dinero que generan los cómics, novelas gráficas, películas animadas, series de televisión, etc, producidos en otros países. ¿Qué fue de aquella industria cultural?




En España hubo, parece mentira, una floreciente industria del videojuego para ordenadores de 8 bits a finales de los 80 del siglo pasado. En aquella época se produjeron juegos maravillosos, realizados por jóvenes informáticos de gran talento, que aprovecharon al máximo las posibilidades técnicas de aquellos ordenadores. Los videojuegos españoles eran conocidos en el mundo entero por su calidad gráfica, argumental y artística. Sin embargo, cuando los ordenadores se quedaron obsoletos frente a los 16 bits y a los PCs, las empresas españolas desaparecieron. Ahora mismo la industria de los videojuegos es una de las que más volumen de negocio genera en el mundo, pero España ya no puede competir con los mejores. ¿Qué fue de aquella industria cultural?

Primera década del siglo XXI. La irrupción de la revolución tecnológica se consuma con las líneas de Internet de alta velocidad y los magníficos ordenadores a los que más o menos cualquiera puede acceder. De repente resulta que la gente (supuestamente) deja de comprar discos y de pagar por ver películas (la industria discográfica ya desapareció en 1984 en España debido a la piratería) Curiosamente, son EEUU y Reino Unido los (supuestamente) más perjudicados por esta actividad. El problema no es ya local, sino global. Y ahora, desde España, sí quiere hacerse algo por la industria cultural.

Pues bien, esto no estaría mal, supongo (este capitalismo es lo que tiene, a veces se protege, a veces no), si los interesados tratasen de proteger a la industria cultural (española preferiblemente) de alguna forma. Yo pondría y pongo en duda que el modelo actual de este sector tenga algún futuro, pero aceptemos, como es normal, que la gente tiene que vivir de su trabajo (algo que no se tuvo en cuenta en los ejemplos de arriba ni en muchos otros) y que es necesaria una reconversión industrial. Pues bien, a pesar de lo que diga la Ministra de Cultura, la ley Sinde es inútil. Y es inútil porque hay un problema técnico por resolver a nivel mundial (por ejemplo, no es posible cerrar Google por esto). No creo que sea tan complicado de entender. La ley Sinde no es una reconversión industrial, por mucho que insista la Señora Ministra, es un parche de mierda cuyos mecanismos para cerrar páginas web bien podrían servir para fines más perversos y rebuscados que el de proteger al "creador cultural".

Muchos se han sorprendido de la reacción tan fuerte de buena parte de la sociedad española ante la ley Sinde. Esto es normal cuando se tienen en cuenta los actos acumulados de extorsión, sumisión y de manipulación económica, mediática y lingüistica que nos han dedicado la Ministra del Lado Oscuro y sus Aliados.


Por suerte, parece que el resto de grupos del Congreso se han debido dar cuenta de con quién se estaban enfrentando y han bloqueado la ley. Es una victoria parcial. Habrá que esperar a ver qué ocurre cuando el Imperio contraataque.