domingo, noviembre 14, 2010

El síndrome EDC (Einstein-Darwin-Chomsky)

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Einstein, Darwin (de joven) y Chomsky.

Descripción:

Una enfermedad pandémica muy extendida en la investigación y en el mundo académico español es el comúnmente denominado síndrome EDC, en honor a los científicos Einstein, Darwin y Chomsky, que como veremos tienen relación con la enfermedad en cuestión. Este síndrome es una patología de comportamiento académico que consiste en creer o pensar que es posible, para la persona que lo sufre, llegar a ser igual que uno de estos tres históricos individuos y revolucionar por completo su área de conocimiento. Como es normal, (casi) nadie consigue revolucionar su área, así que la persona afectada cae sin remedio en una paranoia esquizoide de la peor especie, con graves consecuencias no solo para el enfermo, sino para todo el sector y probablemente para todo el país.




Población afectada y sintomatología:

El síndrome afecta tanto a investigadores en formación como a profesores estabilizados, pero no de igual manera. Aquellas personas que se han hecho doctores deberían entender que llevando a cabo correctamente su trabajo, el aumento del conocimiento humano que supone una tesis doctoral es ínfimo. Desgraciadamente, al doctorando no se le suele explicar este hecho, provocando que se pierda en una ilusión de grandeza, fama y reconocimiento, lo cual impide que pueda realizar su labor de forma diligente. En caso de que el estudiante asuma que su trabajo supone una aportación ínfima al conocimiento humano, el síndrome evita la correcta gestión de los incorrectos sentimientos de fracaso e inutilidad, provocando desidia y depresión, que igualmente derivan en el abandono de la actividad investigadora.

Además, el síndrome también afecta gravemente a aquellos profesores que, al darse cuenta de que no han conseguido ser iguales o parecidos a sus referentes más elevados y aunque disfruten de una plaza funcionarial en una universidad española (o precisamente debido a ello), sufren de una frustración profesional y personal considerable, volviéndose personas hurañas, mediocres, inmovilistas, prepotentes y clasistas, con tendencia a las actitudes pasivo-agresivas, fruto de una profunda inseguridad no reconocida por el propio sujeto.

Es posible además que este síndrome sea origen de otros comportamientos anómalos, como aquel que provoca que el enfermo ignore el método científico. Sin embargo, esta relación no es clara y su confirmación requiere de investigaciones adicionales.

Transmisión y contagio.

Los profesores que adolecen del síndrome infunden, normalmente de forma inconsciente e involuntaria, el trauma a sus estudiantes y doctorandos, empezando por la idea de que no tienen futuro en el terreno académico y/o investigación si sus cualidades intelectuales no se acercan a las de grandes figuras como puedan ser Einstein, Darwin o Chomsky (por lo menos).

Este comportamiento contagia el síndrome EDC a los estudiantes y futuros investigadores, aumentando su tasa de fracaso en caso de que intenten dedicarse a la investigación, así como generando delirios de grandeza en caso de que salgan adelante. Como resultado, aquellos que entren en el sistema académico como profesores harán lo mismo con sus futuros estudiantes, alimentando el círculo de contagio de la enfermedad.

Secuelas a medio-largo plazo:

El síndrome EDC tiene graves consecuencias en el sistema innovador del país ya que aquellos estudiantes con cualidades más aplicadas, prácticas y multidisciplinares terminan por abandonar o ignorar la I+D, al no sentirse que sean genios teóricos del más alto nivel.

A su vez, la generalización del síndrome termina por inducir en la sociedad la idea de que la investigación es una actividad elitista, vocacional y de gente rara o excéntrica, lo cual aviva la falta de interés en la I+D por parte de los principales inversores en la misma: primero, los gobiernos perciben la investigación como una actividad elitista que no proporciona apoyo electoral como para molestarse en exceso; y segundo, los inversores privados creen que algo tan alejado de la realidad es imposible que pueda proporcionar beneficios económicos. La falta de inversión tiene entonces consecuencias fatales: precariedad laboral en el sector (inexistencia de una carrera científica digna) y retraso socio-económico del país. Ambas consecuencias alimentan a su vez el círculo de transmisión de la enfermedad.

Tratamiento:

  • Sobre los estudiantes debe aplicarse la siguiente frase por vía oral tantas veces como sea necesario:
  • "Ni fórmulas, ni leyes, ni números, ni inteligencias privilegiadas... La ciencia precisa, por encima de todo, curiosidad".
    En caso de que no se aprecie mejoría, aplíquese al estudiante la entrevista al premio Nobel de Física más joven en 40 años:
    ¿Es usted un genio? La respuesta es inmediata: "No, en absoluto. La ciencia me divierte, eso es lo esencial".
  • Sobre los profesores afectados por el síndrome se debe(ría) aplicar, de forma urgente e inmediata, una jubilación anticipada obligatoria por vía rectal. Al menos.

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Sí, se puede cambiar el nombre de la enfermedad sustituyendo a Einstein, Darwin y Chomsky por cualesquiera otros genios que hayan revolucionado aquel área en la que estudiéis o trabajéis. Que cada uno denomine al síndrome como le venga en gana, la denominación no es lo importante...

Actualización: Esto en la vida real se llama el síndrome del impostor.